Una vez por mes... me ves.
Mis disculpas. Soy el muchacho cafiaspirina, ese al que le preguntan en qué andás y empieza a contar y no para por un par de horas hasta que enumera todo. Algo bueno y algo malo. Lo bueno. Soy hiperkinético de modo que no aprendí a disfrutar de la fiaca y me siento un poco culpable (de la culpa hablo en la terapia, si algún día les parece abro un blog que se llame "culpógenos de cartón" y me explayo). Entonces, cuanto más actividad, cuanto más movimiento, más siento que tengo todas las pilas puestas. Al mismo tiempo me quejo. Porque la queja me encanta. Sin entrar en el prejuicio barato, creo que tengo algo de mina en ese sentido. Perdón a las minas que lean. Me gusta quejarme cuando me falta el tiempo. Me gusta estar sólo media hora frente al televisor en todo el día, en ese rato que paso en casa antes de dormir y desear transcurrir horas viendo películas. No lo hice nunca. Lo malo. No me alcanza el tiempo para hacer todo lo que quiero hacer. Me reparto, me distribuyo, me despliego en eventos, sucesos, rutinas y horarios. Lo malo también es que en el camino quedan muchas cosas por hacer, mucho por decir, mucha gente por ver y muchas cuestiones que quisiera compartir. Bueno y malo. Siguen siendo dos valoraciones totalmente relativas. No sé qué es bueno y qué malo. Así se me presentan los días últimamente. Estoy más serio, más introspectivo, más concentrado, menos chistoso, más enfocado en algunas cuestiones. Una de las primeras frases que incluí en el blog sigue tan presente como hace unos meses. La frase es de Patricio Rey y dice: “MUTAR, CUANDO SÓLO ES NUEVO LO QUE HEMOS OLVIDADO”. La tomás o la dejás. Salute.

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