Roberto Bolaño
Detrás de esta muchedumbre, se esconde el único, el verdadero mecenas. Si uno tiene la suficiente paciencia como para llegar hasta allí, tal vez lo pueda ver. Y si lo ve probablemente acabe defraudado. No es el diablo. No es el estado. No es un niño mágico. Es el vacío.

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A veces miento tan bien, que hasta llego a creerme lo que digo. Pero no me refiero a la mentira hacia los demás. Estoy hablando de la mentira propia, la que se hace uno para quedar bien con uno mismo. La mentira individual. Mi mentira. La que es mía y con incidencia solamente sobre mi.
Tal vez mi mentira sea como una enfermedad, pero prefiero pensarla como una especie de soleado autoconformismo en esta noche cerrada. Porque así, la mentira suele funcionar como el manotazo de ahogado de quien nunca obtiene lo que quiere.
Algunos ejercitan en demasía el deporte de la mentira, y lo hacen tan bien que ya nunca jamás logran escapar a sus enredos, es que por aferrarse tanto a lo que dicen, los automentirosos terminan viendo algo que en realidad no existe.
Mentir es reemplazar algo que falta, suplantar una cosa que no está, o que está, pero no en los valores deseados. Algo que llegó para quedarse y no exactamente como lo habíamos planeado. Y la única forma de hacerle un reclamo a la realidad de manera indiferente, es haciendo uso de lo que todos conocemos como mentira.
Snif....
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