Notas perdidas, abandonadas en facturas de teléfono, en envoltorios de galletitas, en bordes de diarios y revistas, como barcos de papel. A veces ni siquiera llegan a cobrar vida con la tinta y quedan atrapadas en la memoria, diluyéndose con el tiempo. Mensajes para mí más que para otros, aunque tal vez a otros también les puedan servir. Por lo menos, de este modo, los comparto y, además, les doy un destino para que no vayan naufragando por los rincones, olvidados.
2 Comments:
muy bueno
Llegaste a mí, te inscribiste sin exigir aprobación y sin que te la diera. Cuando desperté, vivías por todos lados, rondando en mi mente enloquecida, cegada por el pasado. Conseguiste sacar el peso sobre mis hombres, como aquella mochila que de niña llevaba a la escuela llena de libros. Pero esta mochila estaba imputada de nostalgias, enredos, dolores insufribles que me quitaban el sueño día tras día. Un sueño punzante, penetrante, ingenioso, que lo único que quería era desvelarme. Poco a poco, a pesar de las inseguridades, una noche golpeaste la puerta de la inexistente coraza que había creado, para desgarrarla y convertirla en lo que fue, en un penoso y duro pasado.
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