Barquitos de Papel

Notas perdidas, abandonadas en facturas de teléfono, en envoltorios de galletitas, en bordes de diarios y revistas, como barcos de papel. A veces ni siquiera llegan a cobrar vida con la tinta y quedan atrapadas en la memoria, diluyéndose con el tiempo. Mensajes para mí más que para otros, aunque tal vez a otros también les puedan servir. Por lo menos, de este modo, los comparto y, además, les doy un destino para que no vayan naufragando por los rincones, olvidados.

19 mayo, 2006

Easy Star

La banda sale al escenario. Los primeros acordes me llenan de alegría. Esa alegría que no aturde. Después de un par de temas siento que ya no puedo seguir sentado. La música se me filtra por la piel, me llega a los músculos. En el pecho la energía no se puede contener más. Les digo que me voy a bailar. Bajo los escalones. Esquivo el vómito del chico con el once en la espalda. El chico ni siquiera llegó a ver el momento en el que se apagaron las luces. Vomita. Vino a vomitar. Sigo bajando los escalones. Llego al piso. Otros bajan conmigo. Será el tema, será la energía o seremos todos que necesitamos bailar juntos. La música nos envuelve, suave y nos dejamos llevar. Quisiera que todos se dejaran llevar, que la música fuese más fuerte que la voluntad, que el cuerpo se fundiera en el movimiento de la música.

Las luces se prenden, la música termina y lentamente dejo de bailar. Sonrío. Ellos también. Es momento de salir del lugar. Subimos al auto y escuchamos una canción. Yo creo que en el estribillo dice “Basualdo”. Nos ponemos a hablar de Basualdo. El de River y el de Velez. Eran dos distintos, y no sabemos cómo se llamaba al que le decían Pepe. Ellos me dicen que la canción dice Osvaldo y no Basualdo. Subimos el volumen de la radio pero la canción termina.

El mostrador, dos tipos hablando de reggae, devorando unos patys y un policía mirando los autos pasar. Pedimos tres patys y nos traen cuatro. No sabemos si devolverlo o no. En la duda, a W. se le cae el paty de las manos. Le pega en el pie y queda apoyado en el piso que está lleno de líneas negras, tierra y pisadas. Levanta el paty del piso, lo pone en el pan y le da un mordisco. Recién en ese momento reacciono. Te comiste el paty, le digo, y nos reímos a carcajadas. Acompañamos con una cerveza. El paty que nos dieron de más tiene poca vida. Lo repartimos y lo rematamos enseguida. Terminamos la cerveza y volvemos al auto.

R. me deja a tres cuadras. Camino. Un tipo paseo un perro y una de dos, o a mí no me dan los números y son las cinco de la mañana o el tipo está loco y pasea el perro a las dos de la madrugada. Todavía tengo razón en algo. Llego a casa. El hambre continua. Abro la heladera y encuentro un pedazo de queso viejo en un taper. Antes de abrirlo le hablo al queso: si estás bien te como. Se puede. Un pan en una bolsa me hace señales para acompañar el viaje del queso. Pan y queso, sale como trompada. Como. Me relajo. Prendo la tele pero no hay nada. Así es la vida de los sin cable durante la madrugada, pienso. Sonrío. En los oídos siento un zumbido. Es la música. Me quedan ganas de bailar. Me hago un bollito con las sábanas. El cuerpo se adhiere al colchón. El sueño llega tranquilo, silencioso, pide permiso. Cierro los ojos.

1 Comments:

At 2:07 p. m., Blogger Silabas Negras said...

Muy bien amigo, muy bueno.

 

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